sábado, 28 de julio de 2012

¿Cómo puedo favorecer el proceso de cambio?



“La educación cambiará si lo hace el profesorado”

                                                       “Las cosas no sólo son interesantes porque sí, sino porque nos afectan de algún modo en la vida cotidiana. Esto es necesario tenerlo en cuenta para saber estimular en los estudiantes el interés por aprender”
 (Manuel Toharia).

La Educación Media Superior, es el nivel educativo que sirve de puente entre el nivel medio básico y el nivel superior, la importancia que reviste este nivel educativo, ha llevado a las autoridades federales a considerar y reconocer que en los nuevos escenarios sociales la información y el conocimiento son elementos determinantes para su crecimiento y trasformación. La Reforma Integral para la Educación Media Superior, considerada hoy uno de los más importantes procesos de transformación en los sistemas escolarizados que presenta la reforma del bachillerato nacional, fue presentada por la Secretaria de Educación en un contexto marcado por una larga historia de este nivel educativo. Hoy los profesores del Colegio de Bachilleres de Tamaulipas estamos inmersos en el proceso de adaptación de la reforma en nuestros centros de trabajo, pues hemos considerado que no es suficiente centrar nuestra acción pedagógica en facilitar la adquisición de conocimientos de las asignaturas que impartimos, sino que habrá que ir más allá de esta acción, con miras a formar jóvenes útiles a nuestra sociedad con altos valores humanos y conocimientos que le garanticen el éxito a lo largo de su vida. Por eso es importante que los docentes tengamos claro, de
 ¿Cómo puedo favorecer el proceso de cambio?

Nuestra formación académica es  resultado de un proceso que va desde nuestro paso por la escuela, en sus diversas etapas, hasta el paso por la universidad,  continuando el  recorrido de formación en diferentes espacios que nos inmortaliza como  estudiantes, lo que  significa que estamos en constante exigencia vs resistencia, pues es una mezcla de  gusto, placer, deseos y metas para continuar escalando, con sentimientos de poder frente al  conocimiento, convencimiento, incluso pereza y actualmente, agregando el ingrediente de avance tecnológico e intercultural que ubica a muchos docentes en un camino desconocido, demandante de habilidades no aprendidas, intentando  instaurarlos en  nuevos esquemas de pensamiento que ellos sienten invalidan su experiencia y su historia. Tal vez ese no es el objetivo, pero es la manera como los docentes de más años lo asumen y apropian, es una confrontación de códigos comunicativos, tiempo y fundamentos de la educación

Estos procesos de formación se hallan perneados  por múltiples situaciones, vivencias, discursos y estilos que aprendemos,  olvidamos,  imitamos pero que en cualquier caso son huellas que marcan nuestra manera de interactuar con EL OTRO, aquel que es diferente, que es reflejo; aquel OTRO que somos nosotros mismos si reconocemos que no hemos perdido el lugar de estudiantes. Sin duda alguna, la formación que hemos recibido es la base sobre la que se han cimentado  las experiencias del aprendizaje y la enseñanza; es a raíz del reconocimiento de esos estados que podemos generarnos pregunta como:  ¿qué clase de formación he recibido?, ¿cuál es mi programa de estudios y, cómo la institución de la que soy  “hijo” me posibilita el desarrollo de mis competencias?, ¿cómo me preparó para ser un profesional idóneo en el área en la que me  formo continuamente?.
Una formación académica es la carta de presentación ante nuestros alumnos y no precisamente en términos de un título, sino en la capacidad de interactuar con ellos a partir de ese conocimiento, de la apertura a nuevas realidades, a la capacidad de orientarlos para que alcancen una meta, y fundamentalmente al derecho de exigirles calidad en su trabajo.
Tenemos por tanto otra posición de resistencia de los docentes, si hallamos que todo lo anterior reunido no permite una apertura y un equilibrio en el ejercicio de la profesión.
En otro orden al remitirnos al concepto de la palabra costumbre encontramos que ésta es entendida como un conjunto de reglas sociales que definen el comportamiento de las personas en una sociedad.
Cuando hablamos de costumbres en el rol de docentes, estamos haciendo referencia a aquellos comportamientos que se vuelven repetitivos en nuestro diario quehacer, y deja de ser un patrón cultural la costumbre, para convertirse en una serie de situaciones en cadena, en círculo, que manifiestan o son sinónimo de estancamiento.
En esa situación de costumbre que creamos existen múltiples vivencias, de las cuales  citamos algunas: Iniciar la clase imponiendo al salón orden a través de una voz fuerte y autoritaria donde   el pizarrón y una “cara seria” son las herramientas de poder y conocimiento frente a los estudiantes; evaluar siempre con los mismos criterios y con la misma herramienta; desarrollar las clases conservando el mismo lugar; La queja y las frases “célebres”: “todos los estudiantes son iguales,  los estudiantes no cambian, los estudiantes no quieren estudiar, no quieren hacer nada”, etc.
En este aspecto son varios los elementos que intervienen, y los podemos asociar directamente con nuestras características personales, competencias pedagógicas y habilidades instrumentales porque  la rutina, la cotidianeidad, la repetición, el estigmatizar o caracterizar a un grupo de estudiantes es más fácil, de alguna manera y para muchas personas, ser siempre igual porque hacemos parte de una tradición, porque en algún momento funcionó, porque creemos que todavía resulta o gozamos con la ley del menor esfuerzo ( elemento que más criticamos en nuestros estudiantes).
La pregunta que podríamos generar en este momento es ¿a caso son las acciones o los sentimientos los que se nos vuelven costumbre? ¿A qué tenemos miedo al cambio o a que nos cambien?
Asimismo las reglas de juego están dadas por aquellos que lideran diversos procesos en pro del bienestar de una comunidad. En el campo educativo es la SEP quien traza los lineamientos y estándares de calidad. Lo anterior supone que toda institución educativa debe estar al día con las exigencias que el Estado imparte, no obstante, el desconocimiento de una realidad concreta en la que se encuentra inmersa una institución, los modelos pedagógicos de la misma y el proyecto educativo  hacen que esas exigencias en vez de convertirse en una oportunidad, se conviertan en una carga, en una carrera acelerada por posicionarse en un nivel, pero, ¿qué pasa con los recursos humanos? Están los docentes preparados para responder a ciertas reglas que se establecen, en ocasiones en forma arbitraria, que al final desconocen la individualidad, porque es claro que a nivel educativo no podemos siempre  medirnos bajo los mismos parámetros, porque las realidades de quienes acompañamos son producto de procesos, de realidades concretas que en muchas ocasiones, desplazan a la escuela como único espacio de formación.
En una institución educativa hay muchas voces y sonidos que son comunicación, bulla, eco o palabras al vacío, pero ¿qué significan y en qué se convierten las voces y sonidos de nuestros estudiantes?, ¿ sabemos escuchar sus gritos y sus murmullos?, ¿entendemos esas voces como un llamado al cambio?; lo aquí sucede es que  para nosotros hablar, dar cátedra y ejercer poder desde el grito puede ser  una manera de acercamiento y herramienta pedagógica, pero  para nuestros estudiantes es también un  instrumento de reclamo, utilizado para decir que están aprendiendo de otras manera y qué existen como sujetos capaces de expresar.
Cuando hablamos de cambio no queremos invadir el territorio de  privacidad de los maestros  y mucho menos, pensarlo como una necesidad de borrar e inventar cosas nuevas, sino de inventariar  algunas maneras que se tienen de acercar al estudiante a lo que nosotros creemos que él debe conocer y hallar como éstas  no responden a sus necesidades, expectativas, búsquedas rompiendo así el puente de acceso a otros mundos posibles, mundo en los que ellos viven  y entorpecer, en algunos casos, su proceso, su desarrollo.
Quizá se piense que se deba abolir la cultura de la palabra como medio de comunicación o formación, invalidando estrategias que aún siguen vigente, pero es claro que es otra la perspectiva, sin duda alguna, se trata de hacer notar que el cambio refiere a la posibilidad de estar al día con los adelantos, en este caso de orden instrumental y tecnológico, pues con ello encontramos más beneficios que obstáculos, si se trata, claro está, de crear vínculos con los estudiante y garantizar, en mayor porcentaje, una existencia valiosa en su vida.
Lo anterior podría parecer una idealización de la comunicación como fin y no como medio, sin embargo, se hace preciso pensar qué lugar ocupa ésta en nuestro rol diario, puesto que el cambio no se da sólo en términos de medios, sino de códigos, elemento fundamental para que exista la comunicación. Una competencia instrumental, cultural y pedagógica van necesariamente de la mano de una competencia comunicativa, unas habilidades personales y sociales que permitan instaurarnos en una cultura del diálogo generacional, para continuar perpetuando la maravillosa y absoluta necesidad de reconocer al OTRO.
Pero, ¿qué pasa  con los docentes que se han formado y fortalecido en un área específica del conocimiento, es decir, la fortaleza en un saber es un impedimento de apertura al cambio o los hace débiles en sus interrelaciones con el entorno? Y si se trata de cambios tecnológicos, son los profesionales de la tecnología y la informática los más aptos en estos tiempos?,   o ¿son los docentes de lenguaje más competentes si se supone tienen una clara postura y significado de éste en la vida de los seres humanos?, a estas respuestas sólo puede llegar cada uno desde una reflexión más personal, pero el reto es encontrar  cómo medimos nuestras habilidades personales en relación con  el conocimiento que poseemos y que pretendemos  fundamentar en la teoría, la memoria y el estatus que da un título. Cabe entonces hacerse la pregunta diaria de ¿qué supone  la palabra cambio?, tal vez  transformación, renovación, urgencia por no ser obsoleto, emergencia por no estar pasado de moda o jurásico, es un tema inagotable.
Junto a estos diversos puntos de vista se halla el hecho de que actualmente las teorías en educación y las innovaciones pedagógicas enumeran una serie incontable de  requisitos que debemos cumplir para ser “buenos maestros” ,  para ser competentes,  puede ser que todo esto no esté mal, sin embargo,  sólo logramos validarlo cuando logramos  detenernos para saber en qué nivel nos encontramos, dónde podemos marcar una equis de falta y más allá de lo concreto y medible, descubrir la manera acertada para seguir creciendo, para seguir formándonos, para aceptar las limitaciones sin temor al fracaso o a golpear nuestro ego.
Podemos así afirmar que el docente es una figura de poder ante sus estudiantes y la institución que representa. Lo es porque encarna “conocimiento” y se vale de diversas estrategias para acercar a quienes están a su cargo.
 Bajo esta investidura el docente cumple  diferentes roles: como  mediador, socializador, facilitador. Por tanto, el poder constituye la posibilidad de hacerse paso en la vida de otra persona, porque el poder atrae, pero también atemoriza; es a la vez un vínculo que se establece y crea confianza o al contrario, desconfianza.
El ejercicio del poder supone unas competencias claras sobre el valor y la existencia del otro, que constantemente nos cuestiona y es nuestro referente de confrontación. La dificultad se plantea entonces, porque pocas veces se está en disposición de aceptar que ese otro nos cuestione o desafíe; tal es el caso de los docentes que se sienten atacados cuando un estudiante va más allá de lo que él como facilitador u orientador le está brindando, por tanto, la mejor manera de defenderse es haciendo uso  de instrumentos como la cohesión,  el castigo, la nota o la imposición.
¿Supone el poder una actitud de negligencia por parte del  docente?, ¿utilizamos el poder para crear, acercar, imponer o concertar?, ¿qué situaciones nos demuestran a nosotros que estamos ejerciendo poder?, ¿la representación que tenemos del poder la hemos heredado o la hemos construido? ¿Nuestros modelos de poder son sólo producto de nuestra formación profesional o son representaciones que tenemos desde nuestra familia?
Quizá una de las preguntas que más nos inquietan en nuestro trabajo, es saber qué sucede después de varias años de desempeñarnos en un mismo cargo, en una misma institución?, ¿tiene o no repercusión nuestro acompañamiento a través del tiempo?, ¿qué sucede después, cuando los estudiantes  se van a vivir su vida fuera de la institución ?.
Fuera de la alegría, la buena acogida, los momentos de espanto y desazón,  y las conjuraciones a lo que es la educación, ¿qué sucede?, ¿qué se mueve en nuestro interior?, ¿Acaso nuestro rol de docentes se enmarca sólo en un contexto institucional y se desarrolla en un espacio físico limitado? ¿En qué  nos convertimos cuando nos  encontramos a estudiantes o ex alumnos?, ¿en qué nos convertimos después de muchos años de experiencia?
Cada uno de nosotros tendrá  respuestas diferentes, pero, ¿serán a caso esas respuestas una posibilidad de encuentro entre lo que un día soñamos ser como MAESTROS y hoy, después de x tiempo, estamos siendo?  A caso, ese balance de resultados, es realmente una balanza de equilibrio o pesan más las frustraciones, pesan más las experiencias, o es el desequilibrio  un factor de impedimento para seguir siendo competentes en nuestra profesión?

Conclusión:

Nacemos perteneciendo a grupos sociales. Nuestra familia, nuestra colonia, nuestra ciudad, nuestro  país son un espacio de existencia que no decidimos  de manera autónoma. La vivencia diaria en un grupo nos hace sentir parte de él, construir una personalidad y poco a poco tomar conciencia de nuestra pertenencia a ese ambiente. Ser parte de un grupo nos hace responsables de unas costumbres, rituales, lenguajes, maneras de interactuar, de una identidad personal y social, que como ideal debe ser positiva, pero está mediada por muchos agentes de carácter social, político, moral, religioso, económico y educativo que pueden dar diferentes resultados. De igual manera,  ser docentes es también ser parte de un grupo, que a diferencia de los primeros, hemos elegido de manera “libre” y ello exige poner en juego lo que cada uno tiene y es desde su base e historia, para converger con la base e historia de otros que tomaron la misma decisión.
Los docentes hacemos parte de un grupo que interactúa con otros grupos: de estudiantes, de familia, de instituciones  por tanto nos convertimos en estereotipos, ejemplos de aquellos que nos dan un voto de confianza para orientarlos y guiarlos, esa es la misión encomendada, por tanto  ser llamado docente, se ve seriamente comprometido con la estructuración personal y social de quienes están alrededor.
El ámbito educativo puede convertir en una posición de resistencia este hecho, cuando quienes llegan a él lo hacen bajo intereses expresamente personales y anulan todo el proceso que implica estar ahí, generando a la vez situaciones de conflicto con quienes interactúan como integrantes de ese contexto  desligando con ello  la meta intrínseca que desencadena una relación de contienda entre sí y puede lograr desvirtuar la labor que por decisión propia algún día alguien tomó.
En términos generales el éxito o el fracaso de la reforma dependerá en gran parte del compromiso del docente en relación a los requerimientos que esta exige, y digo en gran parte porque la participación de las autoridades en lo relacionado a la gestión institucional no es menos importante, así como el docente debe de propiciar un ambiente que favorezca el desarrollo del un aprendizaje significativo, los administradores de la educación deben de crear las condiciones materiales para que el docente pueda favorecer el proceso de cambio de este nivel educativo.


Cd. Reynosa, Tamaulipas Primavera´2012

  

BIBLIOGRAFÍA

FULLAN, Michael. “La escuela que queremos” Biblioteca para la actualización del maestro. SEP 1999

PERRENOUD, Philippe. “Diez nuevas competencias para enseñar” Biblioteca para la actualización del maestro. SEP 2004

ORTEGA, José Olmedo. “Poder y Práctica Pedagógica” Colección Seminarium. Magisterio, 2005.

TEJADA, José. “El Formador ante las NTIC: Nuevos Roles y Competencias profesionales”. Comunicación y Pedagogía














Estilos de aprendizaje


Es evidente que las personas aprendemos de forma diferente. Preferimos un determinado ambiente, un determinado método, un determinado grado de estructuración, etc.; en definitiva, tenemos distintos modos de aprender, tenemos distintos estilos de aprendizaje.

La investigación sobre los estilos de aprendizaje se incluye en el paradigma cognitivista, el cual se centra en lo que se ha dado en llamar el aprendizaje como construcción de significado. Desde este planteamiento, el aprendizaje no se puede reducir a adquisición de conocimientos, sino que el estudiante debe construirlos usando su experiencia previa. La instrucción está basada en el alumno, mientras que el profesor ayuda al estudiante a construirlos mediando sus actividades de aprendizaje.

En otras palabras, el aprendizaje es un proceso constructivo, es decir, las actividades de aprendizaje están orientadas a la construcción de significados por parte del propio sujeto. Esta concepción del aprendizaje sitúa toda su importancia en las diferencias individuales, lo que traducido al marco escolar supone que antes de enfrentar a un alumno a una situación de aprendizaje, se deben analizar tanto los conocimientos previos (que condicionan la calidad de la comprensión) como el estilo propio de aprendizaje (que puede dificultar, facilitar u optimizar la asimilación de los nuevos contenidos).

Un debate abierto en torno a este tema es la relación que existe entre los estilos de aprendizaje y los estilos cognitivos, y entre los estilos de aprendizaje y las estrategias de aprendizaje, ¿se trata de conceptos que se identifican con la misma definición o son aspectos diferentes? Esta cuestión es respondida desde distintas posturas. Para algunos autores ambos conceptos son sinónimos, considerando los estilos cognitivos o de aprendizaje como el reflejo de las diferentes formas de pensar, percibir, estudiar memorizar, resolver problemas, etc.  Para otros, sin embargo, los estilos de aprendizaje tienen un carácter más general, englobando los estilos cognitivos, incluyendo, además, factores afectivos y fisiológicos.

Si nos centramos en los aspectos estrictamente cognitivos, se pueden definir los estilos cognitivos como la variación individual de los modos de percibir, recordar y pensar o como formas distintas de aprender, almacenar, transformar y emplear la información. No obstante, existen otras concepciones de estilos de aprendizaje que se extienden a otros muchos aspectos, tales como: «la predisposición del sujeto para adoptar una estrategia particular de aprendizaje con independencia de las demandas específicas de la tarea» (Schmeck,).

Se puede concluir, por tanto, que si bien no existe acuerdo entre los autores, los conceptos de estilos de aprendizaje, estilos cognitivos y estrategias de aprendizaje son diferentes entre sí, pero evidentemente están relacionados, y hasta cierto punto superpuestos. Como punto de partida se puede decir que los estilos de aprendizaje son un conjunto de estrategias de aprendizaje relativamente estables que el sujeto utiliza con independencia de la tarea que realice, que comprende tanto aspectos cognitivos (estilos cognitivos) como otro tipo de aspectos no cognitivos.

Hace 26 años, cuando inicie a impartir clases a nivel medio superior me di cuenta que no se trata de saber, de tener el conocimiento, sino que lo importante es la forma como uno trasmite ese conocimiento; como no tenía la experiencia de cómo dar clase, recordando a los maestros que dejaron huella en mi, se me hizo fácil imitarlos; era un profesor bastante exigente, al que todo mundo le temía, con el que todos reprobaban. Creía que estaba haciendo bien mi trabajo. Y peor aun cuando me fui dando cuenta del problema me escude en mi edad, pues yo sostenía que una persona recién egresada del nivel superior y trabajando con jóvenes necesitaba inspirar "respeto", actitud que yo estaba confundiendo con miedo. La mayoría de mis alumnos me temía, tenían miedo de acercares  o consultarme cualquier cosa referente a la clase. Yo como la mayoría de los caso fui el ultimo en dame cuenta y sobre todo me costó trabajo aceptar que estaba tomando una actitud equivocada, después de varias platicas con mis compañeros de trabajo y sobre todo de varios cursos, fui dándome cuenta poco a poco de mis áreas de oportunidad y que dependería de mi si quería seguir impartiendo clases, prepararme e ir corrigiendo mis graves errores que cometí y desafortunadamente mis alumnos tuvieron que vivir. Me encanta impartir clase y creo si me sigo preparando podré llegar a ser un profesor que tratará de cometer los mínimos errores posibles, pues no puedo decir que podré llegar a ser un "buen" profesor, pues el trabajo docente es realmente uno de los trabajos más difíciles de clasificarlos en buenos y malos, pues son muchos aspectos a considerar y que frecuentemente los docentes no aceptamos dichas evaluaciones. 



H. Matamoros, Tamaulipas Otoño´2009

¿Quiénes son nuestros alumnos?


Los jóvenes son parte de la sociedad y por ello son sujetos activos en la administración de lo público, que es en últimas la tarea de la política. Los jóvenes tienen muchas potencialidades para asumir liderazgos y no conformarse con el papel de ejecutores de tarea, que es lo que suelen ponerlos a hacer cuando se habla de darles participación. Quienes tengan la posibilidad de asumir liderazgos deben tener en cuenta su responsabilidad de contribuir a redefinir el sentido de la política y el papel que los jóvenes deben cumplir cuando les corresponda participar en la administración de lo público. La posibilidad de aprender está en hacerse visibles en espacios comunitarios y sociales, y recordar que deben formarse, aprender, asesorarse, trabajar en grupo y estar dispuestos a:

·         La posibilidad de construir sueños y utopías

·         La capacidad para cuestionar modelos establecidos y que no funcionan

·         La alegría, el optimismo y la vitalidad en lo que uno hace

·         La posibilidad de tener mente abierta y tolerante para respetar lo diferente

·         La posibilidad de crear nuevos modelos superando lo que los adultos no hicieron bien o dejamos de hacer.

Política Educativa


            INTRODUCCIÓN

"La Educación". Innegables han sido los cambios por los que ha tenido que pasar el proceso educativo para verlo como hoy en día se nos presenta, y no dudo que nos falte muchos más, pues vivimos en un mundo con gente  que no es conformista y lucha  a toda costa por sus ideales.

México es un país y principalmente nuestro, que no ha abandonado el ámbito educativo, al contrario, cada sexenio se oyen grandes propuestas para la educación, que aunque no se logran todas, poco a poco ha ido combatiendo el rezago educativo que se tenia.

Un país que no da prioridad a la educación, pocos serán sus logros y muchas sus carencias; por esto y por la educación de nuestros hijos es que debemos estar más en interesados en ser participes de los cambios que sufra la educación en nuestro país y en el mundo.

Abordo el tema de la educación superior privada, ya que de veintidós años como docente, quince los pase en una institución de este tipo.

Recién egresado de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, ingrese como docente en la Facultad de Ingeniería, de la Universidad Valle del Bravo, en el Campus Reynosa.
A partir de este momento, inicie una carrera en la universidad, como auxiliar de departamento, coordinador, subdirector, director, director académico entre otras posiciones, en diferentes ciudades de Tamaulipas, terminando en el Campus Académico que funciona en esta Heroica Ciudad.
 Retomando el tema central, tenemos que la expansión reciente de las instituciones privadas de educación superior tiene que ver con la política gubernamental que ha promovido, tanto en el sector privado como en el público, el crecimiento y la diversificación de la oferta de educación superior, los cambios para el desarrollo de las formas de organización de la universidad clásica, la promoción de calidad y excelencia en la oferta educativa y la introducción de formas alternas de financiamiento, cuotas y colegiaturas para los estudiantes de este nivel de educación.

Entre las características de este sector educativo, actualmente se observa:

  • Crecimiento de la matricula y del número de instituciones
  • Oferta de nuevos modelos académicos y grados profesionales
  • Promesa de inserción en el mercado laboral
  • Ofrecimiento de formas alternas de financiamiento para cursar estudios profesionales.

EDUCACIÓN SUPERIOR PRIVADA

Para 1910, el Centro Nacional registró una población de 15.2 millones de habitantes, más del 80% de la población total, eran analfabetas. Ningún esfuerzo, de los realizados por los intelectuales y personas con conciencia social, fue lo suficientemente efectivo para alterar la correlación que existía, en el porfiriato, entre la población que tenía acceso a las oportunidades educativas y su patrón paralelo en la distribución de la riqueza y las oportunidades laborales.

Después de siete años de lucha armada la situación del sistema educativo nacional reflejaba el ambiente que reinaba en el país. El nivel superior era el más abandonado.

En 1912 se creó el primer curso libre de Introducción a los Estudios Filosóficos en la Escuela Nacional de Altos Estudios. La modalidad de establecer cursos libres en los planteles de educación superior, significó la apertura de las aulas para quienes deseaban aprender libremente. Fue ésta una primera forma de democratización de la enseñanza superior.
Durante el periodo de Díaz la carencia de establecimientos y recursos para el desarrollo de la docencia en las escuelas preparatorias, profesionales y de bellas artes, se acompañaba de una gran irregularidad en la asistencia estudiantil a los cursos.
Las manifestaciones  de desarrollo de la educación técnica e industrial, durante el período de la revolución, se reducía a la existencia de planteles que enseñaban algunos oficios o carreras comerciales. Las actividades de investigación estuvieron sancionadas durante la revolución.
Hacia 1914  se crea la Facultad de Humanidades enteramente gratuita para el público.
Huerta mezclaba sus preocupaciones de una educación rudimentaria para el campesino a la vez que destinaba presupuestos generosos para mejorar la instrucción militar.

A partir de 1917, México inicia una nueva fase en su historia. La educación superior contemplaba, con el presidente Carranza, el nacimiento de un nuevo concepto de enseñanza técnica cuyos objetivos consistirían en formar al personal para levantar el país de la miseria.

La escuela Práctica de Ingenieros Mecánicos y Electricistas se fundó con la intención de preparar técnicos calificados desde niveles elementales hasta áreas de especialidad dentro del campo de la ingeniería.

La Escuela Nacional de Altos Estudios, desde 1917, se dedicaría a la formación de personal docente para la enseñanza preparatoria o secundaria y profesional de ciertas cátedras de las escuelas de nivel superior.

La Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes se transformó en departamentos.
Desde su llegada a México, Vasconcelos se dedicó a trabajar arduamente en el programa educativo nacional. A partir de 1920 colaboró estrechamente con Obregón en el Departamento Universitario y de las Bellas Artes, fundado por Carranza en 1917.

Bajo la dirección intelectual de Vasconcelos se promulgó la ley que creó el Ministerio de Educación. Educar, para Vasconcelos, significaba un proceso armonizado para favorecer la libertad y la democracia.

Vasconcelos veía cumplida una de sus mayores ambiciones cuando Obregón decidió promover las reformas constitucionales necesarias para crear la Secretaría de Educación Pública, la cual se encargaría de impulsar, en forma sistemática y progresiva, el servicio organizado de educación popular que se encontraba segmentado entre las diversas dependencias del Departamento de Asuntos Universitarios y de Bellas Artes.

Como el primer Secretario de la nueva institución, Vasconcelos inauguraba oficialmente los servicios de la SEP el 20 de Julio de 1921, y desde ahí emprende la obra educativa de la Revolución a partir de la cual el sistema empieza a crecer de manera sostenida durante las siguientes ocho décadas.

De inmediato puso en marcha su proyecto para alfabetizar la población rural mientras que se procuraba, paralelamente, elevar el nivel cultural del país.

Libros y arte serían las nuevas armas que redimirían y purificarían las diferencias raciales, económicas y sociales de un México bárbaro. La educación sería la única vía eficaz de la unidad nacional y el ejercicio democrático.

La idea central de la filosofía de Vasconcelos quedaría como lema de la máxima casa de estudios: “Por mi raza hablará el espíritu”.

Atender los servicios de infraestructura exigía la participación de personal calificado y una alianza de capital proveniente de las clases acomodadas, que el gobierno federal trata de conciliar con su política de apoyo al sector obrero cuyas organizaciones participaban, en la administración nacional y en la orientación de la educación publica, las obras de la infraestructura para la industrialización nacional exigían una orientación técnica del modelo educativo mexicano. Los frutos de la SEP eran acciones evidentes de la actividad fecunda del grupo de intelectuales.

La enseñanza popular tomaba otro sentido durante el régimen callista; la alfabetización era un aspecto necesario para habilitar a la población a su participación activa en nuevas fuentes de trabajo. La actividad educativa fue fundamental para los intereses de los grupos ya consolidados. Los recintos universitarios no estarían jamás al alcance de campesinos alfabetizados.

Mientras un nuevo modelo político se instituía en México, la educación superior confrontaba serias dificultades docentes y administrativas en los programas pedagógicos y en el establecimiento de especialidades técnicas y profesionales para cubrir la demanda de personal educado capacitado.

Al término del régimen callista México contada con cinco universidades estatales en los centros de mayor desarrollo las cuales eran: Universidad de Puebla, Universidad Autónoma del Estado de Michoacán, Universidad Nacional del Suroeste, Universidad de Guadalajara, y el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí.

La etapa final de la década de los veinte sirvió de marco critico para la vida universitaria. El estudiantado mexicano aumentaba progresivamente sus manifestaciones de descontento contra las autoridades gubernamentales. Con el triunfo de la revolución disminuyo el ánimo que exaltaba a la Universidad como vanguardia científica y cultural del país que se tradujo en precarios servicios de apoyo a la vida Universitaria dependiente del estado.

Los conflictos entre los universitarios y el Estado empeoraban con la definición del gobierno revolucionario. La misión educativa del país fue para Lombardo importante para el desarrollo de la sociedad revolucionaria, su modelo educativo estaba sustentado en una pedagogía técnico practica.

La educación superior en México padecía una de las más agudas crisis de su historia como resultado de los conflictos entre el estado revolucionario.  Por primera vez en la historia de México trabajaban juntos los tres componentes básicos que han determinado los objetivos controvertidos de los programas de acción revolucionaria: obreros, campesinos y universitarios

La autonomía de la Universidad sometió a la educación superior a un sistema de financiamiento siempre insuficiente para satisfacer la demanda de servicios académicos.

Ante la crítica situación que prevalecía  en los centros educativos, hubo dos corrientes en la discusión: la libertad de cátedra en un ámbito de total autonomía y la comisión  opuesta a Antonio Caso, al proponer la filosofía marxista  como filosofía universitaria.

Vicente Lombardo Toledano  expresó los principios educativos que ya aplicaba, la educación como medio de concienciación social y herramienta de la clase trabajadora para su participación crítica y activa en el proceso de producción nacional.

Antonio Caso y Vicente Lombardo Toledano coincidieron en que la filosofía se fundamenta en la naturaleza y la cultura.

La inestabilidad política que padecía las instituciones de enseñanza superior en toda la nación era un reflejo de la indefinición oficial del pensamiento revolucionario.

Los maestros "espiritualistas" impidieron la transformación educativa, apoderándose de los edificios de la Universidad y obligando al rector a renunciar; defendieron la formación profesional, las disciplinas humanísticas tradicionales en su afán protector del universitario culto y capaz de participar en cualquier sistema de desarrollo económico.

Manuel Gómez Morín Rector de la Universidad Autónoma de México, emprendió una labor unificadora del espíritu de un intelectual simpatizante de la pedagogía vasconceliana, defendió la cátedra libre, reestructuró el sistema universitario, con el objetivo de convertir en una casa de estudios en una verdadera comunidad académica.

Las características de la educación superior contemporánea de nuestro país fueron tejidas en medio de debates públicos y polémicas controvertidas alrededor de modelos filosóficos para la enseñanza, susceptibles de ajustarse a las necesidades del desarrollo económico y social de la sociedad revolucionaria.

Los estados de mayor importancia en el país experimentaban las polémicas y levantamientos universitarios para exigir la autonomía de las universidades locales, Cárdenas insistía  en manifestar la necesidad de crear cuadros técnicos desde las aulas para capacitar al pueblo de México en los avances tecnológicos que eran necesarios  para industrializar la nación.

La cátedra libre gana simpatizantes entre maestros y alumnos que ponderaban la importancia teórica del análisis de problemas universales. La clara visión que tenía Cárdenas sobre el futuro de México estaba apoyada en las funciones educativas del Estado.

La enseñanza superior sería la responsable en ofrecer los cuadros técnicos y los servicios profesionales que apoyarían la producción nacional. El imperialismo solo podría combatirse con las armas educativas, el conocimiento era la única posibilidad de atacar nuestra dependencia tecnológica del extranjero.

En 1935 se comenzó la organización de un instituto educativo para formar a los egresados  de la secundaria  en aspectos específicos de las ciencias aplicadas y las técnicas industriales.

Luis Enrique Erro enfatizó la falta de planeación y coordinación que prevalecía en las instituciones de educación superior cuya consecuencia recaía sobre el uso y explotación inadecuada de los bienes de la nación.

En 1937 Juan de Dios Bátiz  dio lectura del plan de trabajo  y la organización académica que se distinguía  por incluir por la modalidad de dividirse en ciclos "vocacionales" y "prevocacionales". Éstas divisiones correspondían a la preparatoria técnica dividida en dos ciclos  de dos años cada una, y el vocacional correspondiente al grado superior de enseñanza media en el que habría escuelas con diferentes especialidades.

Educación socialista para el pueblo de México, apoyo a las organizaciones obreras y reparto de tierras, eran acciones cardenistas.

La introducción de la pedagogía socialista, en el modelo liberal mexicano fue promulgada oficialmente siendo presidente Abelardo L. Rodríguez, en el cual se apoya a la libertad de enseñanza, laicismo en los establecimientos oficiales de educación.

Las teorías surgen de la población estudiosa y deben ir hacia todo el pueblo, ésa es la responsabilidad del conocimiento. 

Lombardo Toledano hacía sentir sus mensajes sobre la clase obrera anteponiendo la educación a cualquier otra herramienta de producción.

La educación actual no responde a las necesidades de las masas. Lombardo emprendió la tarea de crear una escuela  para los trabajadores. La administración cardenista ofrecía un panorama más favorable que el de los años anteriores para instruir al proletario.

La libertad nacional solo era posible si los grupos educados se organizaban. El Partido Acción Nacional denotó, desde su origen en 1939, una fuerte influencia vasconceliana en el ideal redentor de crear una civilización por las vías del enriquecimiento espiritual del hombre.

Gómez Morín, soñaba con una sociedad abierta tejida en la educación de la actividad creadora y eficaz en la producción de la riqueza material; Lombardo, unir a los trabajadores con el Estado y que el desafío de la clase obrera era combatir al colonialismo interno y enfrentarse al poderío imperialista.

Aprendizaje, tecnología propia, organización y actividad crítica, llevarían sistemáticamente a la población a adueñarse de los medios de producción.

A pesar de los esfuerzos con que luchó la alianza popular durante el cardenismo para desarrollar económica y socialmente al país por las vías de la justicia social, la desigualdad entre la población marginada y los sectores favorecidos  por la avalancha educativa denotaban diferencias drásticas que unos y otros recibían.

Los frutos de las funciones educativas de los caudillos de la revolución  se traducían en la absorción  masiva de profesionales en la maquinaría burocrática, ejecutivos en la industria y comercios privados, administradores en una banca progresiva en sus sistemas de crédito, y sobre todo los técnicos calificados que egresaban por miles de las aulas del politécnico.

La educación popular quedaba relegada, negando así la función educativa como factor determinante del desarrollo.

Aún en la actualidad continuamos combatiendo la ignorancia y asistiendo demandas relegadas de niños, adolescentes, universitarios o para el estudiante de enseñanza técnica o especial que se han acumulado por la carencia de planeación de servicios educativo federal y por los presupuestos reducidos  con que se han sacrificado desde hace años a la función que debería ser la más importante preocupación del presupuesto nacional.

En forma paralela a la restricción de presupuestos oficiales para atender la demanda educativa, los educadores privados ampliaban sus escuelas y la diversidad de sus servicios para dar cabida a los recién llegados a la clase media.

Las masas populares, hundidas en la ignorancia, serían presa fácil del control que ejercía  el partido monopolizador. Los panistas de la época se destacaban por el carácter "elitista" de sus miembros y por la mesiánica  labor vasconceliana para liberar a la nación  de opresión y de miseria.

El Estado de Jalisco desata el furor de la opresión cuando por primera vez se perciben los efectos de la militancia política vinculada a la educación superior institucionalizada.

Efraín González Luna, primer candidato panista a la Presidencia, en 1952, y el licenciado Jaime Robles Martínez del Campo, primer candidato a la gobernatura de Jalisco, en el mismo año, predicaban la responsabilidad del conocimiento ante la imposición política en todos los sectores del país. Defensores de la libertad de cátedra, lucharon por conseguir la autonomía universitaria.

La educación superior de carácter privado se inicio durante el cardenismo como una respuesta de las clases acomodadas a la imposición del materialismo histórico para escuelas nacionales.

El Instituto Tecnológico de Monterrey se organizo con industriales para adiestrar sus propios cuadros técnicos y administrativos destinados a los establecimientos industriales y financieros de una próspera iniciativa privada regional que se distinguiría como una agrupación importante de presión al Estado.

En la Cuidad de México, los jesuitas recobraron su reconocimiento como religiosos educadores de los miembros de la burguesía nacional, con la extensión universitaria  de sus escuelas. El aumento de la clase media conlleva el fortalecimiento de instituciones privadas, los religiosos comenzaron a recuperar la posición de vanguardia  en la eficiencia educativa.

Desde el año 1945, la educación mexicana volvía a ser libre de credo o doctrina para permitir que el proceso diversificador de la enseñanza se desarrollara acorde a la desintegración de los ideales populares del levantamiento armado.

Esta reforma constitucional favoreció la participación religiosa para atender la demanda educativa. Las instituciones privadas comenzaron a desempeñar un importante papel como complemento a los deficientes servicios de educación pública federal.

A partir de 1970, la matrícula de educación superior se expandió notablemente. El número de estudiantes se incrementó en más del 300% y la mayor parte de este crecimiento se ubicó en las universidades estatales.

Si tenemos presente, que hasta el final de la década de los años sesenta, más de la mitad del total de estudiantes en educación superior se concentraba en la Ciudad de México y específicamente en la Universidad Nacional. Después del período de crecimiento nacional de la matrícula durante los años setenta, los alumnos inscritos en la UNAM disminuyeron a menos del 23% del total nacional que fue de casi 800,000 estudiantes; el restante 77% de esos ochocientos mil se inscribió en las universidades de los estados.

Desde entonces la matrícula en las instituciones privadas, tanto del Distrito Federal como de los estados empezó también a crecer, si bien el número de instituciones aumentó en mayor proporción que las universidades e institutos tecnológicos públicos, lo que derivó en un mayor número de instituciones privadas pequeñas.

A partir de 1985 se tiene un notable incremento en la matrícula de estudiantes en las instituciones de educación privada en México. En 15 años el número de estudiantes en universidades privadas se duplicó.

En el año 2000, un poco más del 30% del total de los casi dos millones de estudiantes inscritos en toda la educación superior estudiaron en las instituciones privadas, mientras que al inicio de 1985, solamente el 16% del total estaban registrados como alumnos en estas instituciones.

El crecimiento y desarrollo contemporáneo de las universidades públicas estatales se debe, entonces, a la política que durante los años setenta favoreció la expansión nacional –fuera de la Ciudad de México- de la educación superior.

A esta expansión de la educación superior pública siguió el crecimiento y expansión de la educación superior privada durante los años ochenta.

En el caso de las instituciones privadas, destaca la excepción del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), que se expandió desde la década de los setenta, hasta establecer 26 unidades a lo largo del país durante los siguientes veinticinco años.

Esta forma de expansión del ITESM parece haber marcado el inicio de una tendencia a establecer redes nacionales por parte de algunas instituciones privadas como ha sido el caso de la Universidad Iberoamericana, la Universidad La Salle, la Universidad Anáhuac y, más recientemente de la Universidad del Valle de México. Esta última ha concentrado su crecimiento precisamente en el Valle de México y en algunos estados del centro de la República.

No obstante que en ninguno de los casos la expansión y el número de unidades académicas hayan sido tan notables como el del ITESM, se pueden observar redes regionales de instituciones privadas; tales serían los casos de la Universidad Americana en el centro del país y la Universidad Valle del Bravo, en el Estado de Tamaulipas y actualmente con presencia en el estado de Sinaloa.

El conjunto visible de instituciones de educación superior en el país, hoy en día, incluye estos grupos de instituciones privadas además de la clásica universidad autónoma en cada uno de los estados y en el la Ciudad de México y la zona metropolitana que comparte con el Estado de México.

Esta panorámica le ha dado a la Universidad Nacional un lugar distinto en el conjunto de instituciones así como en sus formas de regulación  y un lugar más visible e importante a las universidades de los estados y a las instituciones privadas en la Ciudad de México y el resto del país.

En forma paralela, a este crecimiento y desarrollo de la educación superior, se presentó un cambio en la regulación académica del sector, principalmente a través del mecanismo de incorporación de los estudios profesionales ofrecidos.

Hasta los años ochenta, la gran mayoría de las carreras profesionales en las instituciones privadas existentes en esos años, estuvieron incorporadas y reguladas académicamente por la Universidad Nacional Autónoma de México, la institución creada en 1910 para que se establecieran universidades y estudios superiores a su imagen y semejanza en todo el territorio nacional.

La excepción más notable a esta forma de regulación académica fue también el caso del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey que, desde su creación, en la década de los años treinta, buscó acreditar su estilo de regulación académica interna por agencias de educación superior del Sur de los Estados Unidos.

Es a partir de 1985 cuando algunas de las instituciones privadas más consolidadas son autorizadas formalmente por el Poder Ejecutivo Federal para ofrecer estudios superiores con validez oficial, sin la necesidad de esta incorporación y regulación a la Universidad Nacional.

A partir de estas autorizaciones iniciales y de esos años, el número de instituciones privadas se multiplicó hasta las casi 1000 que existen hoy en día, para albergar al 30 % de la matrícula nacional de casi dos millones de estudiantes

Como una nueva forma de interacción y coordinación de tipo académico entre las instituciones privadas, que ha incluido la promoción de acciones de evaluación y acreditación, se creó la Federación de Instituciones Privadas Mexicanas de Educación Superior (FIMPES), no obstante que un buen número de las universidades privadas permanece en la Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Educación Superior (ANUIES).

Esta asociación, creada en 1950 con el evidente impulso de la Universidad Nacional, ha sido por largo tiempo el foro de las universidades públicas  y en coordinación con la Dirección General de Educación Superior de la SEP, un actor central en la formulación de los planes nacionales para el desarrollo de la educación superior desde el final de los años setenta.

En este nuevo panorama de instituciones y mecanismos de coordinación, se han creado varias agencias académicas y profesionales de evaluación y acreditación como el Centro Nacional de Evaluación de la Educación Superior (CENEVAL), los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (CIEES), y los Comités de Acreditación que por áreas profesionales se han establecido con la participación de académicos, profesionales y colegios de profesionales.

 Sin embargo, el  ámbito de acción de todos ellos fue en un principio, las universidades públicas, posteriormente se extendió  a las instituciones privadas por una exigencia de estas.

La innovación de la educación superior en los años setenta que promovió nuevos modelos curriculares, y cambios en la organización y estructuras académico-administrativas, evoluciona hoy hacia los alcances internacionales de las reformas alcanzadas.

En la promoción de estos modelos se enfatiza el uso de lenguas extranjeras, las estancias temporales en el extranjero, el acceso a las tecnologías nuevas y de vanguardia, las estancias en las empresas de alcance internacional. La calidad y excelencia de la enseñanza recibida se asocia a la posibilidad de movilidad profesional de nivel internacional.

En este renovado escenario, la diversificación de las instituciones privadas se acompaña de un silencioso proceso de estratificación: serán de mejor calidad los estudios cursados en una institución de alcance más allá de las fronteras nacionales, que aquellos que sean tomados en una institución de límites locales.

El nivel de diversificación institucional que se promovió a partir de las reformas de 1970, alcanza una nueva dimensión.

La mayoría de las campañas de promoción de estas instituciones enfatizan nuevos modelos educativos, ofrecen calidad, excelencia académica y  pertinencia en los contenidos y formas de enseñanza y, con ello, nuevas oportunidades laborales y de desarrollo, acordes con las demandas del mundo contemporáneo —amplio, internacional y global- y de los empleadores y, entonces, con ello prometen la obtención de los mejores empleos del futuro y la satisfacción de las expectativas profesionales de los egresados.

El escenario de la educación superior en México ha cambiado radicalmente,  y  con ello, el lugar y papel de las instituciones privadas. Hasta 1970 el agente regulador más importante, y entonces, el parámetro de crecimiento, desarrollo, financiamiento y regulación académica lo fue la Universidad Nacional Autónoma de México.

A partir de 1970 y hasta la mitad de la década de 1980, el crecimiento de las universidades autónomas de los estados modificó el papel de la Universidad Nacional y fortaleció el papel de coordinación de la ANUIES, si bien la regulación académica de la UNAM se modificó poco a poco, en la medida que el desarrollo académico de estas universidades fortaleció su capacidad académica.

A partir de 1985, el proceso de crecimiento y desarrollo de las instituciones privadas de educación superior, consolida aparentemente el proceso de diversificación institucional, y con ello, parece disminuir el papel académico regulador de la Universidad Nacional.

En forma paralela aparecen nuevas agencias y mecanismos de regulación aunque no es aún clara la sustitución del papel académico de la UNAM.

En los últimos veinte años se consolida, en forma casi paralela a la expansión de la educación privada, la promoción y desarrollo de mecanismos alternos de financiamiento a las instituciones de educación superior, tanto como de modelos de becas y créditos para los estudiantes, en relación casi directa con la creciente introducción de cuotas y colegiaturas en este nivel educativo en ambos sectores, el público y el privado.

Después de más de 30 años, las instituciones públicas en la educación superior, que fueron consideradas como garantía de conservación del interés público en este nivel educativo, comparten hoy este espacio educativo con varias universidades privadas que forman un pujante conjunto promotor de innovación y reforma, como parte del total de este tipo de instituciones.

Esta nueva combinación institucional obliga a reconsiderar el interés público de la educación superior en ambos sectores y no como prerrogativa exclusiva de las instituciones consideradas tradicionalmente como públicas.

Este panorama que se ha descrito, demanda nuevas formas de regulación académica para ambos sectores de la educación superior así como de criterios de desempeño institucional que garanticen la conservación del interés público que parece descuidarse en la medida que crece el proceso de estratificación institucional –incluso dentro del sector privado- que promueve diferencias radicales de calidad entre unas y otras instituciones, en función de su aparente capacidad de competir internacionalmente.

Se requiere del establecimiento de criterios de desempeño institucional que prevean más allá de la aparente moda de calidad inmediata en los estudios de este nivel educativo.

Concluyo  con la "Declaración Universal de los derechos del hombre" (documento de la ONU) donde se puede leer lo siguiente:

  1. Todo individuo tiene derecho a la instrucción. La instrucción debe ser gratuita al menos en lo que respecta a las clases elementales y fundamentales. La instrucción elemental debe ser obligatoria. La instrucción técnica y profesional debe estar al alcance de todos, y la instrucción superior debe ser igualmente accesible a todos con base en el mérito.
  2.  La instrucción debe ser dirigida al pleno desarrollo de la personalidad humana y al razonamiento del respeto de los derechos del hombre y de las libertades fundamentales. Debe promover la comprensión, la tolerancia, la amistad entre todas las naciones, grupos raciales y religiosos, y debe favorecer la obra de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.
  3. Los padres tienen derecho de prioridad en la opción del tipo de instrucción que se ha de impartir a sus hijos.
CONCLUSIÓN

Hoy que nos encontramos a cerca de 200 años de vida independiente, y aun, cuando los propósitos no son los mismos, la educación en nuestro país continua siendo tema de interés por sus implicaciones económicas, sociales, filosóficas, morales, pedagógicas y sobre todo políticas. 

De ahí que cada sexenio el presidente en turno, con su equipo de colaboradores, le imprima los cambios que consideran pertinentes. En estos cambios, la educación nunca ha sido la excepción.

La educación es fundamental en todo ser humano, no importando quien la imparta, ya sea los padres o a través de una escuela pública o privada. No dejemos al hombre sin educación, busquemos la manera de que todos los seres humanos tengan acceso a la educación.

No busquemos en el extranjero lo que nuestro país nos da, hagamos de nuestras escuelas, los centros de educación más importantes del mundo, luchemos por que el hombre descubra la libertad que los estudios le dan. Luchemos por que el hombre cubra sus primeras necesidades, y después él mismo genere la necesidad de aprender. México esta  necesitado de hombres y mujeres convencidos del trabajo mutuo, de gente que luche por el bienestar de todos, de gente entusiasta y dispuesta a transformar nuestro País, y mucho podemos hacer nosotros como profesores, todo esta en decidirnos y empezar a trabajar.

Pero mientras que en el gobierno, la preocupación económica esté centrada fundamentalmente en la recuperación de las inversiones extranjeras, y de no invertir en infraestructura y de no hacer las reformas estructurales que urgen, es obvio que la parte educativa quedará en segunda o hasta en tercera instancia.


H. Matamoros, Tamaulipas, Verano´2004

BIBLIOGRAFIA

Patricia de Leonardo, “La Educación Superior en México”, UPN, México, 1982
Antología “Política Educativa”, UPN, SEP, México, 1988
José A. Carranza P, “100 Años de Educación en México 1900-2000”, Noriega, México, 2003
Federación de Instituciones Mexicanas Privadas de Educación Superior
www.fimpes.ur.mx/

Sociedad de Fomento a la Educación Superior S. A. de C. V.
www.sofes.com.mx/

www.comie.org.mx/revista/ Pdfs/Carpeta%2015/15investTemPres.pdf