Es evidente que las
personas aprendemos de forma diferente. Preferimos un determinado ambiente, un
determinado método, un determinado grado de estructuración, etc.; en definitiva,
tenemos distintos modos de aprender, tenemos distintos estilos de aprendizaje.
La investigación
sobre los estilos de aprendizaje se incluye en el paradigma cognitivista, el
cual se centra en lo que se ha dado en llamar el aprendizaje como construcción
de significado. Desde este planteamiento, el aprendizaje no se puede reducir a
adquisición de conocimientos, sino que el estudiante debe construirlos usando
su experiencia previa. La instrucción está basada en el alumno, mientras que el
profesor ayuda al estudiante a construirlos mediando sus actividades de aprendizaje.
En otras palabras,
el aprendizaje es un proceso constructivo, es decir, las actividades de
aprendizaje están orientadas a la construcción de significados por parte del propio
sujeto. Esta concepción del aprendizaje sitúa toda su importancia en las
diferencias individuales, lo que traducido al marco escolar supone que antes de
enfrentar a un alumno a una situación de aprendizaje, se deben analizar tanto
los conocimientos previos (que condicionan la calidad de la comprensión) como
el estilo propio de aprendizaje (que puede dificultar, facilitar u optimizar la
asimilación de los nuevos contenidos).
Un debate abierto
en torno a este tema es la relación que existe entre los estilos de aprendizaje
y los estilos cognitivos, y entre los estilos de aprendizaje y las estrategias
de aprendizaje, ¿se trata de conceptos que se identifican con la misma
definición o son aspectos diferentes? Esta cuestión es respondida desde distintas
posturas. Para algunos autores ambos conceptos son sinónimos, considerando los
estilos cognitivos o de aprendizaje como el reflejo de las diferentes formas de
pensar, percibir, estudiar memorizar, resolver problemas, etc. Para otros, sin embargo, los estilos de
aprendizaje tienen un carácter más general, englobando los estilos cognitivos,
incluyendo, además, factores afectivos y fisiológicos.
Si nos centramos en
los aspectos estrictamente cognitivos, se pueden definir los estilos cognitivos
como la variación individual de los modos de percibir, recordar y pensar o como
formas distintas de aprender, almacenar, transformar y emplear la información.
No obstante, existen otras concepciones de estilos de aprendizaje que se
extienden a otros muchos aspectos, tales como: «la predisposición del sujeto
para adoptar una estrategia particular de aprendizaje con independencia de las
demandas específicas de la tarea» (Schmeck,).
Se puede concluir,
por tanto, que si bien no existe acuerdo entre los autores, los conceptos de
estilos de aprendizaje, estilos cognitivos y estrategias de aprendizaje son
diferentes entre sí, pero evidentemente están relacionados, y hasta cierto
punto superpuestos. Como punto de partida se puede decir que los estilos de
aprendizaje son un conjunto de estrategias de aprendizaje relativamente
estables que el sujeto utiliza con independencia de la tarea que realice, que
comprende tanto aspectos cognitivos (estilos cognitivos) como otro tipo de
aspectos no cognitivos.
Hace 26 años, cuando inicie a impartir clases a nivel medio superior me
di cuenta que no se trata de saber, de tener el conocimiento, sino que lo
importante es la forma como uno trasmite ese conocimiento; como no tenía la
experiencia de cómo dar clase, recordando a los maestros que dejaron huella en
mi, se me hizo fácil imitarlos; era un profesor bastante exigente, al que todo
mundo le temía, con el que todos reprobaban. Creía que estaba haciendo bien mi
trabajo. Y peor aun cuando me fui dando cuenta del problema me escude en mi
edad, pues yo sostenía que una persona recién egresada del nivel superior y
trabajando con jóvenes necesitaba inspirar "respeto", actitud que yo
estaba confundiendo con miedo. La mayoría de mis alumnos me temía, tenían miedo
de acercares o consultarme cualquier
cosa referente a la clase. Yo como la mayoría de los caso fui el ultimo en dame
cuenta y sobre todo me costó trabajo aceptar que estaba tomando una actitud
equivocada, después de varias platicas con mis compañeros de trabajo y sobre
todo de varios cursos, fui dándome cuenta poco a poco de mis áreas de
oportunidad y que dependería de mi si quería seguir impartiendo clases,
prepararme e ir corrigiendo mis graves errores que cometí y desafortunadamente
mis alumnos tuvieron que vivir. Me encanta impartir clase y creo si me sigo
preparando podré llegar a ser un profesor que tratará de cometer los mínimos
errores posibles, pues no puedo decir que podré llegar a ser un
"buen" profesor, pues el trabajo docente es realmente uno de los
trabajos más difíciles de clasificarlos en buenos y malos, pues son muchos
aspectos a considerar y que frecuentemente los docentes no aceptamos dichas
evaluaciones.
H. Matamoros, Tamaulipas Otoño´2009
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